Muchos años después, cuando mi abuelo se fue de este mundo, Y yo siendo una adolescente, que sin llegar a concocerlo, ahora...
He llegado a comprender que él también creía en los sueños.
Otra cosa no podía significar, el que, estando sentado una noche, él hubiese dicho estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir".
Como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema despedida.
Estaba sentado a la puerta de su casa, una casa como no creo que haya habido otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con ovejas, como si fuesen sus propios hijos.
Gente que tenía pena de irse de este mundo, sólo porque era bonito.
Gente... y ese fue mi abuelo, Antonio, pastor y contador de historias que al presenciar que la muerte venía a buscarlo, se despidió de sus olivos, de su cortijo, de su gente y llorando porque no los volvería a ver.
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